VACACIONES O ELECCIONES

Pedro Sánchez vuelve a tomarse un periodo de reflexión. Y quizá la cuestión sea saber sobre qué reflexiona realmente: sobre lo que considera mejor para España o sobre cuál de las alternativas que tiene ante sí resulta más favorable para sus intereses. Mantener la situación actual y las condiciones parlamentarias favorables; o convocar elecciones y arriesgarse a perderlas, confiando en reconstruir después una mayoría que le permita seguir siendo presidente.
Si finalmente opta por las urnas, aparece además otro dilema: ¿29 de noviembre o 6 de diciembre?
El 29 de noviembre sería la primera fecha dominical posible. El 6 de diciembre, en cambio, coincide con el Día de la Constitución y precede al puente de la Inmaculada.
Para muchos españoles, ese puente supondría unas pequeñas vacaciones ya organizadas y, en buena medida, contratadas. Y aquí aparece una consecuencia evidente: quienes quieran disfrutar de esos días tendrían que recurrir al voto por correo.
¿Vacaciones o elecciones?
Por supuesto, votar por correo es un derecho y un procedimiento perfectamente legítimo. Pero la pregunta política sigue siendo pertinente: si existen dos fechas posibles, ¿por qué elegir precisamente aquella que puede convertir a miles de ciudadanos en votantes por correo?
¿De quién depende Correos?
Pues eso.
Porque después de su nuevo revés parlamentario, Sánchez tiene ante sí dos caminos. Puede mantener la situación actual, intentando conservar las alianzas que le permiten gobernar, o convocar elecciones confiando en que una nueva aritmética parlamentaria le permita continuar en La Moncloa incluso aunque no sea la fuerza más votada.
También existe la cuestión jurídica. Si mantiene su condición de diputado y fuera necesario solicitar un suplicatorio, una mayoría parlamentaria podría denegarlo, con las consecuencias que ello tendría mientras conservara el escaño.
No afirmo que estas sean las razones de su reflexión. Pero son circunstancias que forman parte del escenario que el presidente debe valorar.
Y ahí está la verdadera pregunta: ¿está reflexionando sobre lo que necesita España o sobre cuál de las opciones le resulta más conveniente?
Un periodo de reflexión presidencial debería ser, ante todo, una reflexión de Estado. Las decisiones que afectan a todos deberían responder al interés general, no a cálculos particulares.
Si hay elecciones, que sean porque España las necesita. Y si no las hay, que sea porque existe una razón de Estado para continuar.
Porque los gobiernos pasan, las mayorías cambian y los presidentes terminan dejando el poder.
España permanece. Y España debe estar siempre por encima de quien, temporalmente, ocupa La Moncloa.



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